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educación

Y la Lengua y la Literatura ¿para qué sirven?

En otra entrada del blog empezamos con una serie que iba a tratar sobre la utilidad del conocimiento. Hoy vamos a concretar esto en un tipo de conocimiento, aparentemente, bastante inútil: el de nuestro idioma y su literatura.

Puede que algún ingenuo nos diga algo como:

-¡Pero bueno! ¿Cómo pueden decir los alumnos que la lengua es inútil? ¡Si es evidente que el conocimiento de la lengua es fundamental! ¿Qué haríamos sin lenguaje?

Vamos a ver. Es bastante evidente que conocer el idioma es necesario para comunicarnos adecuadamente.
A nuestro colega, el Señor Obviedades, lo tendríamos que poner delante de Claudia[1] o de cualquier compañero suyo que, aunque no tuviera tanta actitud crítica como ella, le respondiera lo que respondería la mayoría:

-No, si está claro que el lenguaje es importante, pero es que ya sé hablar castellano. Y, vale que yo no tenga la corrección de un académico de la RAE, pero entiendo a los demás y los demás me entienden a mí. ¿Me explicas para qué necesito más?

Bien. Aun a riesgo de ponerme al nivel del Señor Obviedades, voy a empezar por lo básico, y, desde ahí, vamos a sacar algunas conclusiones:

No me parece demasiado arriesgado decir que el conocimiento del idioma sirve, fundamentalmente, para 3 cosas: hablar, leer y escribir.

-Oh vaya, muchas gracias, señor autor, por abrirme los ojos…

-Espera un momento Claudia, que ahora seguimos.

– Pero… tú sabes que todo eso lo sé hacer desde bastante antes de acabar primaria, ¿verdad?

-¿Ah sí?

-Claudia me mira levantando una ceja con suspicacia, pero arranco antes de que me vuelva a interrumpir.

-Dame un momento y te prometo que al final del texto va a estar más claro, pero las preguntas al final ¿vale?

Jope, lo bien que sienta decir frases de profesor.

Imagen de una clase

Vale, siguiendo por donde íbamos, vamos a empezar por el primer punto: Hablar.

La mayor parte de los alumnos estáis convencidos de que sabéis expresaros perfectamente a viva voz. Pero, siendo sinceros, ¿cuántas exposiciones orales habéis visto en la que los compañeros, que salen a exponer  su trabajo, sepan expresarse con corrección y fluidez?

Estas dos características son igualmente importantes y deben darse al tiempo. Está claro que cualquiera sabe expresarse con fluidez hablando con sus amigos en el parque, pero, cuando los alumnos os dais cuenta de que debéis tratar algo con corrección, os veis lentos, rígidos y, generalmente incómodos expresándoos así. Esto es porque todos tenemos claro que se toma menos en serio a quien no se expresa correctamente. Entonces, tenéis conciencia de que debéis que estar al tanto de no decir coletillas, de no cometer faltas como el laísmo o el leísmo y otros errores del estilo que darían lo mismo en una situación más informal. Es ahí cuando os sentís inseguros.
La reacción entonces, es volverse correctos, pero rígidos. Y vale que, por ser correcto, se te va a tomar más en serio, pero, si sacrificas la fluidez y la naturalidad, vas a aburrir a las piedras.

Imagen de micrófono
También habría que tener en cuenta el factor de la presión de hablar ante tus compañeros, pero esto es otra cuestión.
Al margen de hablar en público, el conocimiento de la estructura del idioma, de la sintaxis, también es útil a la hora de hablar en otros idiomas. Solo podemos identificar una serie de estructuras lingüísticas en otra lengua si entendemos las nuestras y somos capaces de entender las diferencias estructurales con un idioma distinto. De lo contrario, al intentar traducir expresiones del castellano, por mucho que conozcamos todas las palabras, si no somos capaces de darle la estructura que se le da en el otro idioma, la traducción, sencillamente, no funciona. Y, lo que es peor, si no entendemos la estructura de una frase en otro idioma, seremos absolutamente nulos para tratar de traducirla al nuestro.

Pasamos a la escritura, y nos encontramos con un panorama parecido al anterior. En España se ha erradicado el analfabetismo: todo el mundo sabe escribir. Pero se da una circunstancia particular, y es que casi nadie escribe a no ser que se le obligue, salvo gente friki, que siempre hay, que escribimos entradas en blogs voluntariamente o que tenemos la necesidad de expresarnos de otra manera. Esto supone un problema porque, cuando la población “normal” entre los alumnos trata de expresar ideas propias por escrito, el resultado suele ser bastante malo.
Es difícil encontrar trabajos escritos o exámenes en los que las ideas tratadas sean variadas, no parezca que se va a trompicones de una idea a la siguiente, que estén tratadas con claridad, con una coherencia que permita ver un argumento general del texto y que, además, el texto tenga una estructura clara.
Por supuesto, cada alumno será mejor con alguna de estas cualidades, o incluso excelente, pero es difícil encontrar alumnos que sean buenos en todas.

Imagen chica escribiendo

Por lo general, si escribimos con corrección, sacrificamos fluidez y naturalidad, y viceversa. Y, como ya hemos dicho antes respecto al hablar en público, todos tenemos perfectamente claro que, si no escribes con corrección, no te van a tomar en serio. Pero es que si escribes sin naturalidad vas a ser un tostón. Esto es un problema porque, lo que nos encontramos es que la gente no se siente cómoda escribiendo, poniendo en palabras lo que lleva dentro. Se ven faltos de recursos retóricos, de expresividad, de riqueza léxica, de fluidez. Al final, esto lo que supone es que, por mucho que todos sepamos escribir, prácticamente nadie escribe, porque, hasta que no aprendas a escribir bien con soltura, no vas a descubrir la escritura como el medio inmensamente rico que es para expresarte y para transmitir cosas que de otra manera no puedes.

Ya solo nos queda hablar de la lectura. Nos pasa lo mismo: todo el mundo sabe leer, pero muy poca gente lee sin obligación . Así que sabemos leer, pero somos bastante malos leyendo.

-¿Pero cómo se va a ser malo leyendo? O se sabe leer o no se sabe leer. Como mucho, te puedes trabar leyendo en voz alta, pero que ya hemos pasado la ESO, por favor.

-Claudia, ¿qué te he dicho de que me interrumpas? Las preguntas al final. -Ella arruga la nariz y se contiene.

A ver, a lo que me refiero es a que, en un texto, puedes saber lo que significan todas las palabras, puedes leer lo que dice desde el principio hasta el final, pero, lo más habitual es que, a poco que este tenga un mínimo de complicación, la comprensión lectora comience a fallar. Parece mentira, pero la capacidad de coger un texto complejo, leerlo y detectar las ideas principales y el argumento general del mismo es algo que no abunda. Esto es, sencillamente, por falta de práctica. Estamos acostumbrados a lectura fácil y, a ser posible, breve. Con lo que, ante un texto más exigente, nos volvemos lentos para entender.
Lo mejor serían lecturas más ricas, más completas y, quizás, algo más complejas. En definitiva, lo más efectivo para resolver este problema, sería acostumbrarnos no solo a leer, que ya sería bueno, sino, además, a no leer cualquier artículo, cualquier post en redes sociales. No. De lo que hablo es de acostumbrarnos a leer lo mejor que se haya escrito. Esto está bien porque la asignatura que nos ocupa trata, también, de un estudio pormenorizado de cuáles y por qué han sido las mejores obras de la historia en nuestro idioma. Así que, al menos, sería bueno leerlas.

Imagen mujer leyendo

Una de las razones de que no seamos buenos escribiendo ni expresándonos es que la lectura es el alimento de la mente, y a tu mente le puedes dar comida basura o le puedes dar algo que merezca más la pena. Cuanto peor sea lo que lees, peor será lo que escribas. Pero, si habitúas la mente a un lenguaje que sea rico expresivamente, que sea variado, claro y preciso, te acostumbrarás poco a poco a pensar así y, por lo tanto, a escribir así, y, quizás, acabarás hablando así.

Podríamos entrar en hasta qué punto el lenguaje estructura la mente, pero nos quedamos sin tiempo.
¿Alguna pregunta?

Clavo la mirada en Claudia que desvía la suya. Pero por poco tiempo. Rápidamente se recupera y repone, desafiante como siempre:

-Bueno, vale que igual Lengua y Literatura sea algo útil para expresarnos mejor y tal, pero, yo qué sé, ¿Historia? ¿Qué me dices de Historia?

Al autor de este texto se le iluminan los ojos y en su rostro se dibuja una sonrisa discreta. Reto aceptado.

[1] Si no conoces a Claudia, te recomiendo que vayas al blog del que hablábamos antes, porque vamos a hablar bastante de ella.

Carlos Marqués. Graduado en filosofía, máster en Formación del Profesorado de Secundaria y Bachillerato y Habilitación de profesor de Lengua y Literatura.

Imágenes: Freepik
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